Policías abandonados por el Estado

El megaasalto en Santa Rita dejó una imagen preocupante, delincuentes con armas de guerra, explosivos y una logística superior enfrentando a policías que, una vez más, demostraron valentía, pero carecieron del respaldo necesario del Estado.

No se puede exigir que los agentes combatan al crimen organizado en igualdad de condiciones cuando las inversiones en armamento, tecnología e inteligencia siguen siendo insuficientes. La seguridad pública no depende únicamente del coraje de los uniformados, sino de los recursos que reciben para cumplir su misión.

Cuando la propia Policía admite haber sido superada, el problema ya no es solo la delincuencia. Es un Estado que no está proporcionando las herramientas necesarias para defender a sus ciudadanos y a quienes arriesgan su vida por protegerlos.

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