
La administración del IPS parece haberse convertido en una sucesión de anuncios que generan expectativa, pero que difícilmente terminan en resultados concretos. Se habla de auditorías, de irregularidades, de depósitos cuestionados y de funcionarios bajo sospecha, pero las consecuencias siguen siendo prácticamente inexistentes.
Isaías Fretes llegó prometiendo una limpieza profunda dentro de la previsional. Sin embargo, hasta ahora la ciudadanía observa más conferencias de prensa que resoluciones administrativas.
Cuando una autoridad asegura haber detectado hechos graves, la obligación institucional es actuar. Si existen delitos, deben denunciarse. Si existen responsables, deben ser separados de sus cargos. Si hubo perjuicio al patrimonio del IPS, corresponde iniciar acciones para recuperar esos recursos.
No hacerlo transmite un mensaje peligroso: que las irregularidades sirven para alimentar discursos, pero no para impulsar cambios.
El IPS no necesita un presidente que describa los problemas. Necesita uno que los resuelva.
Porque mientras continúan los anuncios, los asegurados siguen enfrentando largas esperas para conseguir medicamentos, estudios y atención médica. Esa es la realidad que importa, no los titulares de cada semana.
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